jueves 14 de febrero de 2008

Educación

Al igual que para los otros temas discutidos en este manifiesto, no pretendemos dar soluciones a la educación escolar y universitaria, sino iniciar términos de un debate necesario. Sin embargo, como hace notar Vicente Sanfélix Vidarte, los cambios constantes del marco legislativo son ya de por sí una mala noticia para la educación, que es un proceso que requiere tiempo. Para funcionar, las políticas de educación tienen que situarse en el largo plazo; por tanto se necesita al menos un mínimo consenso entre los partidos para que la educación tenga la estabilidad suficiente y sea objeto de una política de Estado y no un terreno de hostilidades partidistas.

a) Educación primaria y secundaria

En lo que concierne a la educación escolar, los expertos coinciden en que "lo peor son los vaivenes de las últimas décadas, sin un acuerdo de Estado, con dos leyes del PSOE y otra del PP que no se llegó a aplicar, aunque en el fondo, el esquema no ha cambiado con ninguna de ellas". Los partidos políticos podrían empezar poniéndose de acuerdo sobre el diagnóstico bastante alarmante que puede hacerse de la educación escolar española. España tiene un retraso considerable con países comparables. Ciertos indicadores han ido empeorando en los últimos años: la lectura, que constituye la base fundamental de muchas disciplinas, ha decrecido mucho en el país en los últimos años; las matemáticas también se han degradado. La proporción de alumnos que abandonan prematuramente su escolaridad es dos veces más alta que la media europea y ha aumentado, mientras que las inversiones públicas en educación se han estancado y son un 17% inferior a la media, en vez de aumentar como lo prescriben los objetivos de Lisboa. Las discrepancias de la enseñanza entre comunidades autónomas constituyen un tema preocupante; la inmigración – que será discutida más a fondo después – constituye un reto para el sistema escolar puesto que debe integrar a alumnos con entornos familiares complicados, deficiencias idiomáticas y otras dificultades para seguir sus estudios. Esta lista muy incompleta indica que la falta de atención dada al sistema educativo escolar lo ha puesto en una dirección peligrosa.

Estas deficiencias no pueden ignorarse si queremos que una educación primaria y segundaria depreciadas inspiren confianza. Las discusiones sobre la Educación para la Ciudadanía en las que se ha centrado el debate son accesorias, conciernen a un tema específico, y no resultan suficientes para cambiar el sistema. Una vez reconocidas las dificultades y las responsabilidades compartidas, se debería aprovechar esta campaña para debatir – y eventualmente, ponerse de acuerdo sobre una base consensual de posibilidades – para invertir el retroceso actual de la escuela.

Sin pretender calcar soluciones educativas (sobre todo la de los países nórdicos), su ejemplo debería al menos ser estudiado. Según varios expertos, la base fundamental del exitoso sistema sueco es el profesorado, que está mejor formado, mejor pagado, más motivado, y cuyo prestigio social es alto. En Suecia, donde la educación es totalmente gratuita (hasta los libros y el material escolar), el Estado invierte el equivalente de € 5.711 más que el español por alumno y por año. Y con un nivel alto de solidaridad entre alumnos, menos horas de clase y menos deberes, casi una mitad más de alumnos que en España llega a los estudios universitarios. La presencia de personal de apoyo al profesorado (educadores sociales, psicólogos etc.) también puede ser una herramienta para mejorar el contexto en el que se aprende. Entre otras muchas medidas, se podría debatir la posible oferta a los alumnos de un tiempo de estudio después del horario de clases en él que tendrían profesores a su disposición para ayudarles con sus deberes.

Por otra parte, los españoles de todos los colores políticos destacan la importancia del conocimiento de idiomas extranjeros – y tienen razón: además del interés propio que tiene el aprendizaje de un idioma, si se acepta un mundo globalizado es imprescindible poder comunicar con la mayor gente posible para buscar oportunidades, mientras el aislamiento se paga. En los países escandinavos se suelen aprender tres o cuatro idiomas en la escuela y el aprendizaje es eficaz. Aun siendo el inglés el idioma extranjero más hablado, en España son dos veces menos los que hablan inglés que en el resto de Europa. La presidente del Goethe Institut creó escándalo con su "Englisch ein muss, Deutsch ein plus"; el español es necesario, más que un plus, pero el inglés es esencial. Además de esa mínima base bilingüe, España debería también incentivar el aprendizaje de otros idiomas europeos, asiáticos, así como el árabe. El problema de los idiomas sí tiene solución y está en el estado actual por falta absoluta de acción en las últimas décadas. Por ejemplo, el examen para el que se preparan los alumnos de selectividad casi no ha cambiado desde 1984 y su reforma sería un modesto paso hacia mejores niveles de inglés. Por supuesto que es también imperativo discutir de medidas más ambiciosas (más horas de clase, reforma de los programas desde la primaria, promover intercambios con el extranjero, etc.). Otra manera de favorecer el aprendizaje de idiomas al nivel nacional consistiría en hacer que las películas extranjeras se doblen menos y se difundan más en versión original.

Tampoco se puede ignorar el impacto de la inmigración sobre la "nueva configuración social de las aulas", ya que se sabe la importancia del contexto social sobre el rendimiento de los alumnos y de las escuelas. De nuevo lo importante es no actuar pasivamente frente a este reto, sino enfrentarse a preguntas fundamentales: En este contexto nuevo, ¿cómo optimizar la integración de estos alumnos en el sistema educativo y crear más equidad?

b) La universidad

Así como la educación primaria y la secundaria tienen que enfrentarse a desafíos nuevos, la universidad española esencialmente sufre de los mismos problemas graves desde hace décadas, pero esta cuestión nunca ha sido muy prominente en el debate político. Hay que considerar con precaución los diversos rankings que hoy dictan con criterios a veces extraños cuales son las mejores universidades; pero salvo los Masters de Escuelas de Negocios privadas, no se suele encontrar ninguna universidad española entre las 100 primeras del mundo, mientras el Times coloca la mejor española en el 84 puesto en Europa. La unanimidad de las clasificaciones al dejar a España de lado, parece indicar como mínimo la carencia de universidades de elite de la que sufre el país. Otro ejemplo más específico pero muy indicativo nos lo da Jorge Domínguez, vice-rector de Harvard para relaciones exteriores: a pesar de la existencia del Real Colegio Complutense, que favorece y financia la venida de estudiantes españoles a la más prestigiosa universidad estadounidense, son pocos los que acaban estudiando ahí; Hay dos veces más coreanos ¡e incluso turcos después del 11-S pese a la lentitud de concesión de visados para ellos! Se deba este fallo a que pocos españoles presenten sus candidaturas o a un alto nivel de rechazo a ellas por parte de Harvard, las escasas candidaturas y/o el bajo nivel de admisiones, este fenómeno evidencia síntoma de la falta de excelencia dentro del sistema y de los estudiantes españoles. Para mejorar las universidades y conseguir generar esta excelencia, debería existir un espíritu de emulación tanto entre los estudiantes como entre las universidades y sus empleados. Los modos de financiación de la universidad podrían constituir una clave para fomentar este importante incentivo.

En general, la universidad española sigue siendo un lugar en el que se aprende más a ejercitar la memoria que a pensar, y que a veces "desadapta" a los estudiantes a la sociedad en lugar de darles flexibilidad necesaria para adaptarse. Es cierto que España ha dado algunos pasos para integrarse al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) tratando de satisfacer ciertos objetivos fijados por el Proceso de Bologna. Pero estos cambios se han concentrado sobre todo en los aspectos más formales de la reforma, transformando los edificios y las aulas más que los métodos y las mentalidades. "Los apuntes siguen mandando" señala Elena Sevillano [9], subrayando que todavía predomina la lección magistral sin ningún mecanismo de participación de los alumnos o de feedback. Aunque parece ambicioso tocar estos aspectos más profundos del sistema, sería utópico pensar que van a cambiar por si mismos. De nuevo, la formación y el fomento de la motivación de los profesores son puntos esenciales en los que debería basarse cualquier reforma de la universidad. España también está tardando en adaptar sus licenciaturas al sistema europeo, y esto debería ser una prioridad política, ya que abrirse a Europa es una oportunidad para la universidad española.

Por último, un verdadero debate sobre la universidad no se puede prescindir de la cuestión de las relaciones entre ella y el mundo laboral. Desarrollar puentes entre estos dos mundos constituye una oportunidad para ambos. Aquí también, abrimos una cuestión necesaria hasta ahora más o menos ignorada por esta campaña, con opciones variadas que deberían ser discutidas. Estos puentes podrían incluir: la responsabilización por parte de las empresas para la financiación de la educación (universidad o formación continua); acuerdos para que las empresas asumen una parte más importante del esfuerzo de formación (como en el Reino Unido por ejemplo); institucionalización de prácticas en administraciones, empresas u otras organizaciones en ciertos cursos universitarios, etc.

1 - El País, 11/06/07.

2 - J.A. Aunión, "La educación española retrocede", El País, 5 de diciembre de 2007.

3 - Informe PISA de la OCDE (sólo disponible en inglés).

4 - Progress towards the Lisbon Objectives 2010 in education and training (sólo disponible en inglés)

5 - El 7% de alumnos que han nacido fuera de España obtiene una media de 55 puntos menos que los demás en el informe PISA.

6 - Según Metroscopia, un 52.8% de los españoles piensa que el conocimiento de idiomas extranjeros es fundamental, mientras un total de 94% de los españoles coinciden en que es importante.

7 - Véase "El nivel de inglés de los españoles podría mejorar si se implantara un nuevo examen de este idioma en Selectividad"

8 - Véase Olga Salido Cortés, "El Informe Pisa y los retos de la Educación en España", Fundación Alternativas, 27 de noviembre de 2007.

9 - Elena Sevillano, "Aula del futuro, profesor del pasado", El País, 8 de enero de 2008.

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